Claudia tiene 38 años y cuida su piel con disciplina. Usa protector solar, evita productos agresivos y mantiene una rutina constante. Aun así, su piel es reactiva, se inflama con facilidad y tarda en recuperarse. Durante años lo atribuyó a “piel sensible”. Nadie le habló de su microbiota cutánea.
La piel como ecosistema vivo
La piel no es solo una barrera física. Es un ecosistema vivo donde microorganismos y células cutáneas interactúan de forma continua para regular la inflamación, proteger frente a patógenos y mantener la función barrera [1].
Está es el órgano más extenso del cuerpo y actúa como la primera línea de defensa frente al entorno. Su microbiota —bacterias, hongos y virus— está adaptada a condiciones extremas como sequedad, cambios de pH y radiación UV [1]. Estos microorganismos no son pasivos: modulan la respuesta inmune local y ayudan a distinguir entre estímulos inocuos y amenazas reales [2].
Disbiosis cutánea e inflamación crónica
Cuando este equilibrio se altera (disbiosis), la respuesta inmune se desregula y se asocia a inflamación crónica, infecciones recurrentes y enfermedades como dermatitis atópica, acné o psoriasis [2], [3].
Envejecimiento y cambios en la microbiota de la piel
Con el envejecimiento, la función barrera se debilita y la microbiota cutáneo cambia. Esta pérdida de homeostasis se ha relacionado con una menor capacidad de reparación tisular y mayor susceptibilidad a inflamación e infección [4]. Por ello, el cuidado moderno de la piel empieza a enfocarse en restaurar el ecosistema cutáneo, más que en intervenir solo la superficie.
Secuenciación y análisis de la microbiota cutánea
Las técnicas actuales de secuenciación permiten caracterizar la microbiota de distintas zonas de la piel, evidenciando que cada región es un nicho ecológico distinto [1]. Estas herramientas ayudan a entender patrones de equilibrio o disbiosis, explicando por qué una misma intervención no funciona igual en todas las personas.
Cuidar la piel como un ecosistema
Cuando Claudia entendió su piel como un ecosistema, simplificó su rutina y priorizó estrategias orientadas a preservar la función barrera y respetar su microbiota. Con el tiempo, su piel se volvió más resistente y menos reactiva. No fue una solución inmediata, sino una decisión informada y basada en evidencia.
Hablar de microbiota de la piel no es una moda. Es reconocer que la salud cutánea depende del equilibrio entre barrera, inmunidad y microorganismos. Cuidar la piel implica proteger su ecosistema, no solo tratar sus síntomas.

Referencias (IEEE)
[1] J. A. Sanford and R. L. Gallo, “Functions of the skin microbiota in health and disease,” Nat. Rev. Microbiol., 2017.
[2] Y. Chen et al., “Skin barrier function and the microbiome,” Int. J. Mol. Sci., 2022.
[3] E. A. Grice and J. A. Segre, “The skin microbiome,” Nat. Rev. Microbiol., 2011.
[4] M. Drago et al., “The skin microbiome: current landscape and future opportunities,” Int. J. Mol. Sci., 2023.